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lunes, 21 de octubre de 2013

cinco millones


LA POBRE VOLUNTAD


La pobre voluntad, ya relegada,
de aquel que llega, hundido,
al último escalón,
y en gesto de vencido
pide y suplica
-en bien de los que tienen-
un poco de trabajo.

¡Qué vértigo el progreso!
¡Qué alto hemos llegado!
Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Francisco M. Ortega Palomares

lunes, 14 de octubre de 2013

te amo por encima de nosotros


Envídiame, yo puedo amarte aún


Cuando ya no es posible cuando ya
y ya no y es que todo es demasiado
yo puedo amarte aún.

Cuando tú y cuando entonces y después
y me dijiste y puede que si hubiéramos
yo puedo amarte aún.

Cuando ella y cuando él y las llamadas
y las veces que no te respondía,
cuando acaso y en éste mismo instante;
no después sino ahora y no hace falta
decírtelo de nuevo pero sí:
yo te amo por encima de nosotros.
Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Ben Clark

lunes, 7 de octubre de 2013

pensando pensando



Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.
Pero no es necesario.
Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,

silencio.
Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Fragmento de “Discurso a los jóvenes”  Ángel González

lunes, 30 de septiembre de 2013

las manos


LA MANO DE MI MADRE

Me baño en la quieta luz de una gota
y recuerdo como llegué a ser:
un lapicero puesto en la mano,
la fresca mano de mi madre sobre la mía,
cálida.
-Y así nos pusimos a escribir
entrando y saliendo de corales,
un alfabeto submarino de arcos y puntas,
de caracoles espirales, de estrellas marinas,
de blandientes tentáculos de pulpo,
de grutas y formaciones rocosas.
Letras que con sus cilios se abrían paso
vertiginosamente entre lo blanco.
Palabras como lenguados aleteando
y enterrándose en la arena,
o anémonas oscilantes con sus cientos de hilos
en un quieto y único movimiento.
Frases como cardúmenes
que se hicieron de aletas y ascendían
y también de alas que en compás se agitaban,
palpitando como mi sangre que a tientas
golpeaba estrellas contra el cielo nocturno
del corazón;
fue cuando vi que su mano había soltado la mía,
que yo hacía mucho, escribiendo,
me había desasido de ella.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Pia Tafdrup- Dinamarca 

lunes, 23 de septiembre de 2013

tu cuerpo como la hiedra


El ojo de la mujer


"Voy  a escribir la historia de mi cuerpo entre tus manos. Me fue naciendo como una nueva muda de culebra. Floreció bajo el sol y se llenó de begonias, bromelias y cometas ante tus ojos y mis ojos asombrados. Mi cuerpo, cuando lo cercan tus brazos, se convierte en caballo, en yegua y sale a galopar por el placer de un beso. Se llena de hiedra para escalar las paredes de tu corazón y cubrirlo de susurros nacidos desde la misma entraña de la tierra. Mi cuerpo con todos sus resquicios impredecibles, rasga la noche con su cantar de guitarra del monte y enciende la oscuridad con su brillo de luciérnaga. Se pierde en vos con el abandono de un niño y abre sus ventanas de par en par para recibir la honda caricia, el pensamiento convertido en libélula alada, incitando a la selva a despertarse con su crujido de ramas. Mi cuerpo se vuelve planeta inexplorado donde posa el tuyo su navío del espacio; tiembla con la energía de un nuevo continente que se formó después de cataclismos sin nombre y sin historia.

Mi cuerpo desde siempre parece haberte querido, haberte estado esperando.

Se ha revelado desnudándose como una cueva que necesitara de tu palabra para abrir su secreto ante la magia de tu sonrisa, de tu cercanía, ante vos que te sabías la combinación oculta desde antes de tener memoria."

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Gioconda Belli

lunes, 16 de septiembre de 2013

vidas arriesgadas


Entre los carriles de las vías del tren crecen flores suicidas.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Greguería de Ramón Gómez de la Serna

lunes, 9 de septiembre de 2013

comer y ser comido


EL AMOR DEL LOBO Y OTROS REMORDIMIENTOS


Para nosotros, comer y ser comidos pertenece al terrible secreto del amor. Sólo queremos a la persona que podemos devorar. A la persona que amamos sólo soñamos en comérnosla. Es una historia bellísima, la del propio tormento. Porque amar es querer y poder comer y detenerse en el límite. En el mínimo latido entre el brinco y el acecho brota el miedo. El brinco estaba ya en los aires. El corazón se detiene. El corazón arranca de nuevo. Todo en el amor está vuelto hacia esta absorción. Al mismo tiempo, el verdadero amor es un no-tocar, pero casi-tocar de todos modos. Devórame, amor mío, de lo contrario te devoraré. El miedo a comer, el miedo de lo comible, el miedo de aquél de ambos que se siente amado, deseado, que quiere ser amado, deseado, que desea ser deseado, que sabe que no hay mayor prueba de amor que el apetito del otro, que se muere de ganas de ser comido y se muere de miedo ante la idea de ser comido, que dice o no dice, pero significa: te lo suplico, devórame. Quiéreme hasta el tuétano. Y sin embargo arréglatelas para dejarme vivir. Pero a menudo se transpone, porque se sabe que el otro no devorará finalmente, y se dice: muérdeme. Firma mi muerte con tus dientes.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto:Hélène Cixous- Argelia